UCRANIZACIÓN DE LA GUERRA EN EL GOLFO PÉRSICO
Los analistas consideran que los escenarios más probables de cara a la evolución futura del conflicto en el Golfo Pérsico se basan en que Trump no quiera llegar a las elecciones legislativas del próximo noviembre con este conflicto a cuestas.
Básicamente esto es debido al impacto que tiene sobre el bolsillo el precio de la gasolina y, por lo tanto, sobre el consumidor norteamericano, los votantes. Para los que además esta guerra resulta muy impopular.
Partiendo de esta hipótesis pueden ocurrir dos cosas:
- Que Trump tire la toalla y trate de retirarse con un acuerdo que le permita hacerlo con cierta dignidad. Con el estrecho de Ormuz abierto y algún compromiso en la cuestión del enriquecimiento de uranio.
- Que se harte y decida jugárselo todo a ganador, mediante una intervención militar masiva que le permita controlar el estrecho antes de las elecciones y dar un golpe adicional al programa nuclear iraní.
Pero, aunque todo hace pensar que Trump no querrá asumir el suicidio político de llegar a las elecciones con el galón de gasolina por encima de 4-5 dólares—, no se puede descartar que las circunstancias le obliguen a seguir otro camino.
Es lo que podíamos llamar escenario de ucranización del conflicto, situación que los norteamericanos ya vivieron en Vietnam, aunque en esta ocasión debido a los grandes avances tecnológicos en el campo militar y a la IA, muy probablemente no habrá tropas en tierra, al menos infantería normal.
Es decir, una realidad en la que el enfrentamiento se alarga convirtiéndose en una guerra de desgaste, probablemente acompañada, como hasta ahora, de treguas, acuerdos parciales y negociaciones que comienzan, se rompen con una andanada de misiles y drones, y vuelven a retomarse más adelante.
Seguro que Putin tampoco pensaba ni quería que su "operación militar especial" se convirtiera en una guerra de desgaste cuando invadió Ucrania. Pero es que lo que tiene en estos momentos, una situación de "tablas" en las que por momentos parece que, incluso, Ucrania lleva la iniciativa, aunque ambos bandos saben que ninguno puede ganar y derrotar al contrario de una forma clara y contundente.
Tampoco lo pensaban los norteamericanos cuando tomaron el relevo de los franceses en Vietnam. Pero al final las armas las carga el diablo y los conflictos se enquistan, porque nadie quiere dar su brazo a torcer y las victorias militares totales son difíciles o llevan mucho tiempo y requieren un nivel de brutalidad más propio de otras épocas que del siglo XXI, donde, lógicamente, los ciudadanos asumimos muy mal las víctimas militares y todavía peor las civiles.
Desde el punto de vista electoral, hay que tener en cuenta que Trump no se va a presentar a una segunda elección (¿o tal vez sí lo intente?).
Conociendo su personalidad, podría tener la tentación de poner su legado histórico por delante del interés del partido. En otras palabras, liarse la manta a la cabeza, centrarse en garantizar que Irán no tenga nunca el arma nuclear, cosa que en el fondo el mundo entero le agradeceríamos (otra cosa es que la fórmula elegida haya sido la correcta, que de momento no es el caso), y olvidarse de las elecciones al Congreso y al Senado.
No es algo con mucha lógica política, pero supongo que tampoco es bueno llegar a las elecciones con una retirada humillante o pasar a la historia como el presidente derrotado por Irán.Ya vimos las consecuencias humanas, políticas, geopolíticas y económicas de la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán en agosto de 2021.
Así que Trump podría verse abocado o bien a darlo todo o a mantener el conflicto de forma indefinida intentando mantener el precio del petróleo por debajo de los 90-95 $, que es el nivel del dolor. Sin embargo, desde finales de agosto el petróleo lleva instalado por encima de ese precio, a partir del cual se complica el escenario de inflación y de posibles efectos secundarios o de segunda ronda en la economía.
De momento los EE. UU. mantienen la presión sobre Irán, sobre todo económica pero también militar. Por diversos motivos (guerra Rusia-Ucrania, estrecho de Bab al-Mandab), el petróleo se mantiene por encima de esos niveles, por lo que Trump ha reducido la presión sobre los iraníes y mantiene conversaciones con Rusia para negociar la compra de diésel y regaña nuevamente a Zelensky para que no ataque las refinerías rusas.
La estrategia, hay que reconocerlo, es arriesgada, porque el régimen iraní ha dejado claro que no le preocupa nada el sufrimiento económico de su país ni de su población, especialmente a quienes ahora mandan allí, que son los militares de la guardia revolucionaria islámica y su entorno político-económico, aunque sigan vendiendo la imagen de un régimen islámico con un líder supremo de la República ausente y supuestamente oculto. Además les interesa alargar la situación en su actual estado, al menos hasta las elecciones de principios de noviembre en EE. UU, para desgastar más a Trump.
Pero seguramente les preocupen más sus comisiones.
Mientras haya bloqueo los altos cargos del régimen no cobran las mordidas que les corresponden por cada barril de petróleo que sale de Irán en tiempos de paz. Seguro que piensan más en sus trozos del pastel que en el chantaje que aplican actualmente en el estrecho de Ormuz.
Como ejemplo, el único momento en que Irán ha aflojado un poco su posición de fuerza en las negociaciones ha sido cuando se produjo el bloqueo norteamericano y, por supuesto, las sanciones a las cuentas corrientes que los dirigentes iraníes tienen repartidas por el mundo.
Luego estarían otras teorías más conspiranoicas, que la historia demuestra en repetidas ocasiones que no deben ser totalmente abandonadas. Pero de momento eso es otro asunto.
Para conocer con claridad la situación, hay que establecerla en base a quién se beneficia de la misma. Ya saben, sigue la pista del dinero y sabrás a quien le interesa continuar así.
El principal beneficiario de esta situación es Israel, que hace tiempo que se dio cuenta de que no podía vencer o controlar a sus enemigos, pero sí podía crear el caos en sus países y mantenerlos en una situación de cierto control propio y descontrol interno.
Desde hace meses Irán y los países del golfo están disparándose entre ellos mientras Israel los mira en la distancia sin mover ficha militar, que otras si habrá y estará moviendo. El país que comenzó el conflicto junto a EE. UU., después se queda en segundo plano viendo como se matan sus enemigos entre ellos. Claramente es un éxito total para Israel.
El otro gran beneficiario sería el complejo militar-industrial de EE. UU. Estamos hablando del mayor lobby que existe en el mundo. Y desde luego un donante muy importante en las campañas electorales.
Un largo conflicto militar de este tamaño es un chollo para los fabricantes de armas.
Además, gracias al casi cierre del estrecho de Ormuz, EE. UU., que ya era el mayor productor y vendedor de petróleo del mundo, ha ampliado notablemente la diferencia.
Por cierto, una industria, la del petroleo, que también tiene su propio lobby y muy importante en Washington.
Hay están, no es que sean ellos quienes deciden, ya que Trump tiene muchos defectos pero, generalmente, tiende a hacer lo que le viene en gana.
Lo que sí se puede decir es que hay varias fuerzas importantes interesadas en mantener el conflicto vivo.
Eso sucede en un bando, pero es que se da la coincidencia que a los dirigentes iraníes también les interesa mantener el conflicto. Y no solo para desgastar a Trump, también por su propia supervivencia.
En declaraciones recientes de un exjefe del MI5 inglés, en la situación actual de Irán, la única forma de mantener a la población en un estado de excepción que evite la rebelión que ya se estaba fraguando desde hace meses es precisamente con un conflicto militar, con una agresión exterior explotada adecuada y sabiamente por sus dirigentes.
De hecho, en lugar de generar un cambio de régimen, como se pretendía, el enfrentamiento ha llevado a un régimen prácticamente militar, cuando antes era una mezcla de régimen militar y religioso.
Probablemente este no sea el resultado final, pero junto con la opción de negociación, el TACO y la del ataque masivo, habrá que tener en cuenta también la opción que he llamado ucranización.
TACO
TACO son las siglas de “Trump Always Chickens Out”, cuya traducción coloquial sería que Trump acaba siempre retirándose con el rabo entre las piernas (aunque, todo hay que decirlo, normalmente se retira llevándose algo entre los dientes que antes no tenía). Técnicamente se denomina como “Pressure Index”, y ha sido desarrollado por los analistas de Deutsche Bank.
Este índice combina el comportamiento del S&P 500, el tipo de interés del bono norteamericano a diez años, el índice de aprobación de la presidencia y las expectativas de inflación a un año. Y lo hace para medir la presión que soporta el presidente Trump en cada momento.
Cuando esa presión alcanza determinados niveles, aumentan mucho las probabilidades de que dé marcha atrás, de que rebaje la presión.
La herramienta funciona y, además, le han salido descendientes. Variantes especialmente útiles para el momento actual.
El “Ormuz TACO Index”, desarrollado por la consultora geopolítica Signum Global Advisors y centrado específicamente en el conflicto con Irán y en lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, que es hoy por hoy la variable geopolítica más importante para los mercados.
El índice de Signum utiliza, por orden de importancia, las siguientes variables: el precio del Brent (que no estaba en el modelo de Deutsche Bank), la rentabilidad del bono norteamericano a diez años, el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz (tampoco incluido en el de Deutsche) y el comportamiento del S&P 500.
A cambio, deja fuera dos variables que sí estaban en el original: las expectativas de inflación a un año, que se sustituyen por el precio del Brent —un “proxy” bastante bueno, porque hoy la inflación esperada va de la mano del petróleo—, y el índice de aprobación de la presidencia.
Y la pregunta es: ¿funciona?
La prueba del algodón la tenemos muy reciente: el índice proyectó un “TACO” entre el 22 y el 30 de julio. Llegó el día 26 y se produjo la pausa en los ataques previstos contra Irán. Los giros previos de Trump en relación con Irán se produjeron cuando la presión alcanzó entre 2,3 y 3,4 desviaciones típicas, con una media en torno a 2,9.
Es decir, no hace falta adivinar el pensamiento del presidente Trump, basta con medir la presión que tiene que soportar y saber a partir de qué nivel suele ceder.
Existen otras herramientas de seguimiento diario como el Hormuz Index, que monitorizan en tiempo real el nivel de riesgo en la región del Medio Oriente. A 13 de octubre de 2026 el Índice de Ormuz está a 33.9 (elevado), 1.0 punto menos que el día anterior. El Brent-WTI y el JKM (precio spot del LNG asiático que obliga a los tanqueros a cambiar de rutas) están empujando este índice, mientras que otras variables tienden a mantenerlo bajo. El promedio de 7 días se encuentra en 34,1, por lo que la lectura del 13 está en línea con la semana reciente.
Hoy en día, con herramientas de inteligencia artificial, cualquiera con un mínimo de paciencia puede intentar construir algo razonablemente parecido sin necesidad de ser un analista “quant”. Es, dicho sea de paso, un buen ejemplo de para qué puede servir de verdad la IA, para fabricarse herramientas que antes solo estaban al alcance de las grandes instituciones.
Trump puede que sea muy volátil, que lo es, pero todo esto no es solo un problema político para él y para los ciudadanos de EE. UU. y del resto del mundo, que sufren unos precios elevados de los carburantes,, para algunos también puede ser (está siendo) una oportunidad, ya que utilizando estos índices junto con otros como el índice de volatilidad, conocido como el "índice del miedo", el TACO es una herramienta a tener en cuenta para saber cuando la presión sobre la presidencia de EE.UU. está en máximos y actuar, cuando todo el mundo mira hacia otro lado.
En resumen, el enfrentamiento en el Estrecho de Ormuz puede acabar en un estado de conflicto permanente, tipo Ucrania, que permita intervenir militarmente en cualquier momento en el que Irán intente rehacer su programa nuclear y, por otro lado, tratando de mantener el precio del petróleo por debajo de 100 $, que empieza a ser asumible para la economía de los EE. UU., aunque sería mucho mejor si es por debajo de 90-95 $.
César J. Pollo - 2026 ©


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