LA GEOPOLÍTICA DEL CHIP
La única máquina que puede crear chips de vanguardia la fabrica una empresa europea, conociendo su funcionamiento podemos entender por qué es única y todos la quieren dominar. Cada vez que usamos un teléfono móvil, entrenamos una inteligencia artificial o utilizamos un sistema de minado de criptomonedas, estamos utilizando chips con miles de millones de transistores, tan pequeños que desafían la intuición. Componentes grabados con una precisión que roza lo imposible. La pregunta no es solo qué hacen esos chips, sino cómo se fabrican. Durante décadas, la industria de los semiconductores avanzó siguiendo una lógica simple pero asombrosa: reducir el tamaño de los transistores, aumentar la potencia de cálculo y abaratar el coste por función. La famosa Ley de Moore marcaba el ritmo y la fotolitografía —el arte de dibujar circuitos microscópicos con luz sobre una pieza de semiconductor, habitualmente silicio— acompañaba esa cadencia. Pero la luz tiene límites. Y ...