LOS ESPACIOS NATURALES NO SON PARQUES TEMÁTICOS

¿Los espacios naturales pueden considerarse como parques temáticos?

Vamos a analizar esta hipótesis que pone en duda la verdadera esencia de los espacios naturales y su existencia en una sociedad predominantemente urbana y desconectada del medio natural.

Los espacios naturales, en particular las zonas de montaña, son entornos de una belleza indescriptible, pero también de una complejidad y peligrosidad que no deben subestimarse.


Subiendo al puerto de Ventana, León

En los últimos años estos destinos han atraído a millones de visitantes cada año, seducidos por su belleza natural y la promesa de aventuras, esto ha ido parejo a un preocupante aumento de los accidentes en estas áreas, lo que ha llevado a muchos a cuestionar las causas subyacentes de esta tendencia. 

Una hipótesis que ha ganado fuerza es que este incremento se debe, en gran medida, a dos factores interrelacionados: la falta de preparación de las personas que acuden a la montaña y la forma en que las administraciones públicas promocionan estos espacios, presentándolos como si fueran parques temáticos seguros y accesibles para todos, cuando en realidad no lo son ni están diseñados para un entretenimiento seguro. Son entornos peligrosos, donde la falta de preparación y de planificación, así como una percepción errónea de seguridad, pueden tener consecuencias graves.


Falta de preparación, un riesgo creciente

Uno de los principales factores que contribuyen al aumento de accidentes en la montaña es la falta de preparación de los excursionistas. Muchas personas que visitan estos espacios no cuentan con la experiencia, el conocimiento ni el equipo necesario para enfrentarse a las condiciones desafiantes que la naturaleza impone en estos entornos. 

Según la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), la mayoría de los accidentados en la montaña no son deportistas habituales (el 70%), sino visitantes o turistas que no están familiarizados con los riesgos del entorno. Estas personas, a menudo, subestiman las dificultades del terreno, el clima impredecible y la necesidad de una planificación cuidadosa, lo que los expone a situaciones de peligro que podrían evitarse con una adecuada preparación.

Esta falta de preparación se ve agravada por la percepción errónea de que la montaña es un lugar seguro y accesible para todos. Influenciados por imágenes idílicas y descripciones turísticas, muchos creen que pueden aventurarse en estos espacios sin necesidad de formación específica o equipo adecuado. Sin embargo, como señala la FEDME, el senderismo y otras actividades en la montaña son deportes de riesgo que requieren información, formación y tecnificación. Ignorar esta realidad puede tener consecuencias fatales, como caídas, extravíos o hipotermias, que se repiten con demasiada frecuencia debido a la ausencia de preparación.

La FEDME destaca también que muchos de los accidentes ocurren entre personas que no están federadas (el 60%) ni forman parte de clubes de montaña, lo que sugiere una carencia de formación básica en seguridad y técnicas de progresión en terrenos complicados. Esta falta de experiencia no solo pone en riesgo a los propios excursionistas, sino también a los equipos de rescate que deben intervenir en condiciones adversas para salvarlos.


Promoción inadecuada, la montaña como parque temático

El segundo factor clave en esta problemática es la forma en que las administraciones públicas y otras entidades promocionan los espacios naturales.

En lugar de advertir sobre los riesgos y la necesidad de preparación, muchas campañas de turismo presentan la montaña como un destino accesible y seguro, similar a un parque temático donde los visitantes pueden disfrutar sin preocupaciones. Esta visión distorsionada contribuye a una falsa sensación de seguridad entre los excursionistas, quienes, al no ser conscientes de los peligros reales, no toman las precauciones necesarias.

Recientemente, ha sido denunciada en Asturias la promoción irresponsable de los espacios protegidos asturianos, en relación con sucesos de rescate de excursionistas, afirmándose que: "Los espacios protegidos asturianos se promocionan irresponsablemente para atraer cuanta más gente mejor. No existe el concepto de capacidad de carga ni del tipo de turista que interesa que llegue. Episodios como este serán cada vez más frecuentes."

Esta opinión respalda la hipótesis de que los espacios naturales no deben ser tratados como parques temáticos y sugiere que las estrategias de promoción priorizan el volumen de visitantes sobre su seguridad o la sostenibilidad del entorno, vendiéndose la imagen de la montaña como si fuera un lugar seguro de recreo y reforzando la idea de que esta publicidad engañosa contribuye directamente al aumento de accidentes.

Esta promoción inadecuada, raramente las campañas turísticas mencionan la necesidad de preparación o los peligros inherentes, no solo pone en riesgo a los visitantes, sino que también tiene un impacto negativo en el medio ambiente. La masificación de ciertas áreas, impulsada por una publicidad que no considera los límites de la naturaleza, puede llevar a la degradación de los ecosistemas y a la pérdida de biodiversidad.

No debemos olvidar que el objetivo principal de los espacios naturales protegidos es la conservación de sus recursos naturales (geología, fauna, flora, las actividades tradicionales, ), generalmente coinciden con aquellos parajes menos modificados por la acción del ser humano  

Por otra parte, la FEDME critica en este caso también la falta de una campaña de información coordinada entre las administraciones con responsabilidades de gestión en Turismo, Deportes y Espacios Naturales, lo que perpetúa la desinformación y deja a los visitantes sin una visión clara de los riesgos que enfrentan.


La montaña no perdona errores aunque muchos piensen que es un paseo por el parque



Carlos de Haes - Picos de Europa

Los rescates en montaña

Los rescates en montaña son operaciones que combinan habilidad, valentía y un profundo conocimiento del entorno natural. Cada año, miles de personas se aventuran en las alturas buscando desafíos, aventuras o simplemente un contacto más cercano con la naturaleza. Sin embargo, las montañas, con su belleza imponente, también esconden peligros impredecibles, cambios de clima repentinos, terrenos traicioneros y la posibilidad de accidentes que pueden poner en riesgo la vida de los montañeros. En este contexto, los equipos de rescate se convierten en héroes anónimos, preparados para actuar en las condiciones más adversas.

Según datos del Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil, creado en 1967, en 2023 se realizaron más de 1.200 intervenciones en montaña (unas 200 intervenciones anuales sólo en los Picos de Europa), un incremento notable respecto a las 800 operaciones anuales de principios de los 2000 y las menos de 500 en los años 90.

La información específica sobre el número total de rescates (Guardia Civil + grupos de rescate autonómicos) es fragmentada, ya que no existe un registro unificado a nivel nacional que combine ambos. Sin embargo, los datos de la Guardia Civil y algunos estudios autonómicos permiten esbozar una tendencia general al aumento, el número total de rescates en España (GREIM + autonómicos) podría superar los 2.000 anuales en años recientes, con una tendencia al alza desde el año 2000 debido al aumento de practicantes y a la mejora en la recopilación de datos. Estos datos no hacen más que reflejar tanto el mayor número de visitantes a las montañas así como la complejidad de los incidentes atendidos.



Rescates realizados por diferentes grupos de rescate en 2024


Como comentaba, las montañas no son un entorno indulgente, factores como la altitud, el clima extremo y la dificultad del terreno convierten cualquier expedición en una actividad de alto riesgo. Cientos de accidentes ocurren anualmente en las principales cordilleras del mundo, entre las causas más comunes se encuentran:

- Caídas: El terreno irregular, las rocas sueltas y los precipicios son responsables de la mayoría de los incidentes.

- Avalanchas: En regiones nevadas, las avalanchas pueden sepultar a los montañistas en cuestión de segundos.

- Hipotermia: Las bajas temperaturas y la exposición prolongada al frío son letales si no se actúa a tiempo.

- Errores humanos: La falta de preparación, el mal cálculo de rutas o la subestimación del clima son factores recurrentes.

Estos peligros hacen que los rescates sean una necesidad constante. Sin la intervención de equipos especializados, muchas personas no regresarían con vida.

El siglo XXI ha traído nuevos desafíos para los rescates en montaña. El aumento de episodios climatológicos extremos, la alteración de los patrones meteorológicos, la mayor impredecibilidad de las tormentas, glaciares que antes eran rutas estables ahora se derriten, dejando grietas ocultas bajo la nieve o la mayor frecuencia de las avalanchas, son algunos de los fenómenos a los que es necesario enfrentarse y estar prevenidos. 

Por otro lado, la masificación del montañismo ha incrementado la demanda de operaciones de salvamento. Lugares como el Everest, que alguna vez fueron dominio de unos pocos alpinistas experimentados, ahora ven a cientos de personas cada temporada, muchas de ellas sin la preparación adecuada. Las imágenes de "atascos" en la cima del Everest han conmocionado al mundo.


La mejor estrategia es prevenir la necesidad de intervención de los equipos de rescate


Accidentes que podrían evitarse

Los accidentes en montaña son una realidad que, lamentablemente, se han vuelto más frecuentes en los últimos años. Cuando hablas con profesionales cuyo trabajo se desarrolla estrechamente ligado al mundo rural y natural, todos destacan el aumento generalizado de visitantes en los últimos años a estas zonas, principalmente tras la pandemia de COVID-19 (2020-2021), se ha producido un efecto "rebote" con un crecimiento en la práctica de deportes de montaña, lo que ha incrementado los accidentes y rescates.

La montaña puede ser implacable incluso para personas altamente preparadas. Sin embargo, la mayoría de los incidentes involucran a personas sin la formación ni el equipo adecuado. Por ejemplo, es común leer noticias sobre excursionistas que se pierden por no contar con mapas o GPS, o que sufren caídas graves por usar calzado inapropiado. Estos accidentes, que podrían evitarse con una mejor preparación, son un claro reflejo de la falta de conciencia sobre los peligros reales de la montaña.

Un caso significativo se observa en espacios protegidos como los Picos de Europa, donde el aumento de visitantes ha llevado a una mayor incidencia de rescates. Según datos de la FEDME, el número de intervenciones de los servicios de rescate en montaña ha ido en aumento y, nuevamente destaca que, gran parte de estos incidentes involucran a personas que no están preparadas para las condiciones del terreno. Esto no solo pone en riesgo sus vidas, sino que también supone un coste económico y humano para los equipos de emergencia, que a menudo deben operar en situaciones de alto riesgo.

La hipótesis planteada al inicio de este texto sobre si los espacios naturales podrían asimilarse a parques temáticos, se ve claramente rechazada por los datos sobre la evolución de los rescates, que ya hemos visto, y las causas de los accidentes en montaña.

En España las principales causas de los accidentes en montaña (2018) son, la sobreestimación de capacidades (50,3%), la falta de preparación técnica o física  (27,55%) y la planificación deficiente (22,15%). El senderismo, una actividad aparentemente sencilla, genera casi la mitad de los rescates.

En cuanto al perfil de los rescatados, por edad predominan los adultos de 31 a 50 años (41-50 años: 20,98%; 31-40 años: 20,23% en 2018). Los menores de edad representan un 6-9%.

En cuanto a la procedencia, sabemos que en Aragón (Pirineo), los rescatados son principalmente aragoneses (24%), catalanes (18%), vascos y navarros (14%) y extranjeros (20%). A nivel nacional, los procedentes de Madrid destacan (23,08%).

En cuanto al seguro, sólo el 27,83% de los rescatados en 2018 tenía seguro federativo.



Vista desde el Puerto de Panderrueda, Picos de Europa, León

La necesidad de un cambio de enfoque

Para revertir esta tendencia es fundamental un cambio cultural y político en la forma en que se perciben, promocionan y gestionan los espacios naturales. Las administraciones públicas deben adoptar un enfoque más responsable, promoviendo el turismo sostenible, que incluya la educación sobre los riesgos de la montaña y la promoción de una visita consciente y preparada. Esto implica no solo advertir sobre los peligros, sino también fomentar la formación en técnicas de montañismo, el uso de equipo adecuado y la planificación cuidadosa de las excursiones. Por ejemplo, podrían desarrollarse campañas que informen sobre la importancia de llevar ropa térmica, sistemas de navegación y provisiones suficientes, así como de conocer las previsiones meteorológicas antes de emprender una ruta.

Las Federaciones de montañismo y los medios de comunicación tienen un papel crucial en desmitificar la idea de la montaña como un parque temático, destacando su belleza, pero también su exigencia.

Algunos expertos como Alberto Ayora Hirsch han propuesto un Plan Nacional de prevención de accidentes en montaña, que integre políticas de turismo sostenible con la gestión de riesgos en áreas naturales. Este plan podría incluir la creación de instituciones dedicadas al estudio de la seguridad en montaña, como el Observatorio de la Montaña en Aragón, que analicen los datos de accidentes y establezcan estrategias de prevención efectivas. Asimismo, las administraciones deberían regular el acceso a ciertas zonas de alta dificultad, estableciendo límites de capacidad y requisitos mínimos para los visitantes.

Es necesario por parte de las administraciones públicas tomar medidas concretas y efectivas, realizar una promoción más realista y aportar mayor información y formación a los excursionistas (equipo adecuado, necesidad de planificación, mejor comunicación y entrenamiento, etc.) alineando las estrategias turísticas con la seguridad y la conservación de los espacios naturales.

Principales medidas a adoptar:

Por las administraciones

- Educación y formación, las administraciones públicas deberían promover cursos de iniciación al senderismo y el montañismo, enseñando habilidades como la navegación, el uso de equipo y la gestión de riesgos. La FEDME ya ofrece programas como "Montaña Segura", pero su alcance debería ampliarse.

- Campañas informativas, nuevamente las administraciones deben incluir advertencias claras en sus materiales turísticos, destacando los peligros de la montaña y la importancia de la preparación. Por ejemplo, podrían distribuir guías con consejos prácticos, como llevar un mapa, un botiquín y ropa adecuada.

- Regulación de los accesos, en zonas de alta afluencia, se podrían establecer límites de visitantes o requisitos mínimos, como demostrar experiencia previa para ciertas rutas.

Por los usuarios

- Uso de tecnología, promover el uso de aplicaciones como Alpify, que permite a los excursionistas enviar su ubicación en caso de emergencia, pudiendo facilitar los rescates y reducir su impacto.

- Planificar cuidadosamente la actividad, consultar mapas, la meteorología prevista y calcular tiempos.

- Equiparse adecuadamente, llevar un chaleco reflectante, linterna frontal, silbato y ropa para el frío.

- Evitar ir solo y considerar la contratación de guías profesionales para actividades técnicas.

- Contratar un seguro de montaña, ya que ¡la Seguridad Social no cubre rescates!


Respetar la montaña para disfrutarla


Los espacios naturales no son parques temáticos. Son tesoros que merecen ser disfrutados por todos, pero por aquellos dispuestos a respetar sus reglas. Son entornos complejos y, en ocasiones, peligrosos, que requieren respeto, preparación y conciencia por parte de quienes los visitan. 

La evolución del número de accidentes y de rescates en los últimos años, pone de manifiesto la necesidad de prevenir los accidentes desde la raíz. La falta de preparación de los visitantes y la promoción inadecuada, en ocasiones irresponsable, por parte de las administraciones públicas, han contribuido a convertir las montañas en escenarios de riesgos innecesarios. La tendencia debe ser revertida mediante una mejor educación y una gestión más responsable de estos espacios.

Solo a través de un enfoque que combine información, formación, regulación y una publicidad honesta podremos disfrutar de la belleza de la naturaleza sin poner en riesgo nuestra seguridad ni la integridad de los ecosistemas que tanto valoramos, garantizando que estos espacios sigan siendo lugares de aventura, aprendizaje y conexión con la naturaleza. Es hora de reconocer que la montaña no es un juego, sino un desafío que merece nuestro respeto y preparación.

Y recordar que, desde 1997, el 112 es el número único de emergencias gestionado por las Comunidades Autónomas, que coordinan los recursos disponibles, decidiendo si activan a la Guardia Civil, grupos autonómicos u otros cuerpos como los bomberos.


"En la montaña está la libertad" Alexander V. Humbolt.


César J. Pollo - 2026 © 


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