SALVANDO AL SOLDADO DÓLAR


No, no estamos presenciando un interés por la adopción de las tecnologías financieras descentralizadas, esas que no necesitan de los intermediarios tradicionales como bancos, casas de corretajes o bolsas de valores.

Tampoco estamos entrando en una nueva era de libertad financiera para todos. 

Lo que estamos presenciando, casi sin darnos cuenta, con la caída del precio del oro, de la plata y de las criptomonedas, son los margin call provocados por la Casa Blanca en una operación coordinada de rescate del dólar, ese gran "combatiente" americano durante décadas.




Una estrategia puesta en marcha para reducir, absorber, el impacto de la caída de un sistema que ya no puede sostenerse por sí solo. Un parche elegante sobre un sistema disfuncional. Y ese parche, para sorpresa de muchos, no es un nuevo banco central ni una reforma monetaria radical. Son las stablecoins.

Durante años, el sistema financiero tradicional repitió la misma canción, cripto es especulación, riesgo sistémico, una amenaza para la estabilidad global.

Se cerraron cuentas, se asfixiaron rampas de entrada, se prohibieron plataformas, se lanzaron campañas mediáticas para desprestigiar todo lo que oliera a descentralización. Y ahora, casi de la noche a la mañana, la narrativa ha cambiado. Ahora las autoridades no solo toleran las stablecoins, sino que promueven marcos regulatorios, proponen legislación favorable y ofrecen claridad jurídica para su emisión. 

No lo hacen porque hayan visto la luz y se convirtieran en creyentes del mundo descentralizado, lo hacen porque han olido el humo. 

Porque saben que el incendio está en su propia cocina y cuando el sistema empieza a abrazar lo que antes juró destruir, no es amor, es supervivencia.

Para entender la lógica detrás de este giro, hay que mirar donde generalmente no se mira, la deuda

Hay que mirar al elefante que lleva décadas engordando en la cacharrería, la deuda pública norteamericana. Veamos el problema.




La trampa de deuda de EE.UU.

EE.UU. está entrando en una trampa de deuda de consecuencias globales.

El 26% de su deuda vence en los próximos 12 meses. Son casi $10 trillones que deben refinanciarse a tasas mucho más altas que en 2020.

Ese año, cuando venció el 29% de la deuda, la tasa de interés era 0%. Hoy, la tasa base está en el 5,5% y el costo de refinanciar se ha cuadruplicado.

Cuando las tasas eran al 0%, la deuda era algo sostenible. Durante la mayor parte de la pasada década, las tasas de interés estuvieron cerca de cero. Eso significaba que el Tesoro de EE.UU. podía emitir deuda prácticamente sin pagar unos intereses significativos.

Si emitías $10 trillones en deuda a 0%, el costo anual en intereses era casi $0.

Eso hacía que los intereses de la deuda a pagar fueran un gasto marginal dentro del presupuesto federal. Así, el gobierno podía endeudarse sin grandes problemas para financiar estímulos, guerras, programas sociales, etc., sin preocuparse por los pagos de intereses.

Pero ahora refinanciar 10 trillones al 5% se hace mucho más costoso. Cuando el gobierno de EE.UU. emite deuda, está pidiendo prestado dinero. A cambio, promete:

  • Devolver el capital en una fecha futura (1 año, 3 años, 10 años, etc.)
  • Pagar intereses cada año hasta que devuelva ese capital (eso es el “rendimiento” del bono)

Ahora bien, cuando todos esos bonos vencen, el gobierno no tiene guardado el dinero para devolver todo, capital más intereses. Entonces lo que hace es volver a pedir prestado (emitir nuevos bonos) para pagar los bonos que vencen, refinanciando, reemplazando la deuda vieja con deuda nueva.



¿Y qué pasa si no hay compradores dispuestos a comprar tanta deuda?, entonces:

  • El Tesoro tiene que ofrecer tasas más altas para atraerlos, para hacerlos atractivos
  • Eso hace subir el rendimiento de los bonos
  • Y esa tasa más alta se contagia al resto del sistema, hipotecas, préstamos, crédito, acciones…

Además, teniendo en cuenta que ahora los bancos centrales tienen más oro que bonos americanos por primera vez en 30 años, que China está vendiendo los bonos y que Europa amenaza con vender, la situación se complica

El alza de tasas frena la economía porque encarece a todo el sistema financiero, porque los préstamos que dan los bancos a la gente, a las empresas, las hipotecas, todo, calculan sus intereses sumándole un extra al rendimiento de los bonos del gobierno de EE.UU. Porque si no, le prestarían directamente al gobierno (comprando esos bonos) en vez de a los ciudadanos o las empresas.

¿Y qué está haciendo el Tesoro y la Reserva Federal (FED)?

  • El Tesoro está recomprando bonos.
  • La FED ya frenó el QT (venta de bonos) y pasó a comprar $40 B de bonos por mes
  • También la FED está sosteniendo el sistema para que el Tesoro pueda emitir sin caos, pero a medida que estos vencimientos se aceleren, posiblemente deberán aumentar las recompras de bonos para que no suban los rendimientos de los mismos.

Más recompras implican más emisión → más inflación → menos confianza en el dólar.

Y en ese contexto, las criptomonedas, las stablecoins, se fortalecen mientras EE.UU. avanza, paso a paso, en una espiral típica del fin de un imperio económico y militar, mientras el mundo está girando hacia un nuevo orden financiero mundial, como algunos expertos señalan.

El Presidente del Foro Económico Mundial y la Presidente de la Comisión Europea dan más señales de que el orden financiero global está mutando.

La Presidenta de la Comisión Europea compara la situación actual de EE.UU con lo que fue la desvinculación del patrón oro. "1971 fue el año del llamado shock de Nixon y de la decisión de desvincular el dólar estadounidense del oro. En un instante". "Eso nos dejó una lección que hoy en día aplica... No depender de una moneda extranjera".

"Los conflictos geopolíticos deben ser una oportunidad para Europa, lo de hoy es una oportunidad para construir una nueva Europa".

Estos comentarios no revelan una victoria inminente, pero sí una confrontación y el reconocimiento de que quieren aprovechar la actual situación de debilidad del sistema.

Ray Dalio estudió 10 imperios (romano, holandés, británico, español, chino, estadounidense, etc.) que duraron unos 500 años o menos y en todos encontró el mismo patrón que predijo el colapso de todos ellos.


LA HISTORIA NO SE REPITE, PERO A VECES RIMA 


Estados Unidos se encontraría en el paso 5 de 6. Si miramos la historia a lo largo de los últimos siglos en lugar de quedarnos con analizar lo que ocurre en el día a día, aparece una tendencia clara. La mayoría de las potencias dominantes perduran unos siglos, con transiciones que duran una o varias décadas.

Estas son las fases:

  • Fase 1: Todo empieza con la educación. Mejores escuelas conducen a una mejor tecnología, lo que genera un dominio comercial y un poder militar. Una moneda de reserva es siempre el último poder en llegar y el último en desaparecer.
  • Fase 2: El ascenso comienza cuando una guerra importante produce un claro vencedor. Ese ganador establece las nuevas reglas del mundo. Esa es la "edad de oro", como la que experimentó Estados Unidos después de 1945 (fin de la Segunda guerra mundial).
  • Fase 3: Durante la fase de burbuja, la paz conduce a la complacencia. La gente asume que los buenos tiempos son permanentes y pide prestadas enormes sumas de dinero para mantener ese buen estilo de vida. La prosperidad se convierte en una burbuja financiera construida sobre la deuda.
  • Fase 4: Con el tiempo, el auge crea una enorme brecha de riqueza. Los ricos se enriquecen aún más gracias a sus activos, mientras que los salarios de los demás se estancan. Esto conduce a la fase de fractura. El país se divide en dos bandos.
  • Fase 5: Cuando la burbuja de la deuda finalmente estalla, el gobierno imprime más dinero para salvar el sistema. Esto provoca inflación y devalúa la moneda, lo que afecta duramente a los más pobres. Se produce una sobre-extensión militar, la moneda se degrada, se entra en una espiral de deuda, pérdida de capacidad productiva, una decadencia social, una pérdida de estatus de la moneda de reserva y el colapso total.
  • Fase 6: Mientras el líder está distraído con sus luchas internas, una potencia en ascenso comienza a desafiarlos. El nuevo poder está más unificado y es más productivo, mientras que el antiguo está demasiado dividido para defender su lugar. Un conflicto final generalmente determina quién se convierte en el nuevo líder.



EE.UU esta en el paso 5/6 hacia el colapso.


CUANDO EL DUEÑO DEL MUNDO SE QUEDA SIN COMPRADORES, EL MUNDO CAMBIA DE DUEÑO

El orden geopolítico y financiero implantado tras la II Guerra Mundial con los Acuerdos de Bretton Woods, donde se decidió usar el dólar estadounidense como moneda de referencia internacional y, posteriormente, tras la ruptura con el patrón oro en 1971, está cambiando de una forma que nunca en las ultimas décadas fue tan evidente.

La estafa piramidal del dinero fiat se está viniendo abajo, ese dinero que no está respaldado por ninguna mercancía, como el oro o la plata, y que suele ser declarado de curso legal por decreto de un gobierno que nos garantiza su "estabilidad" a pesar de no tener valor intrínseco alguno y en el que confían que sea aceptado por ciudadanos y comerciantes.

Ahora, en uno de los momentos de mayor desconfianza e incredulidad frente a quienes nos gobiernan, ahora, ¡los gobiernos están necesitados de solicitar nuestra confianza!

Europa debe analizar la situación actual y tratar de aprovecharla para desvincularse financieramente y lo antes posible del dólar, antes de que nos arrastre. 

El "talón de Aquiles" de EE.UU., su deuda, podría hacer más daño que toda una flota de portaaviones, si ningún país utilizase dólares en sus transacciones económicas el dólar se derrumbaría y con él toda la economía de este país y de medio mundo.

El viejo orden internacional basado en reglas ya no funciona. Se ha convertido en un chat grupal prácticamente muerto en el que algunos países (Canadá, UE, Japón, Corea del Sur, Gran Bretaña, Taiwán, etc.) publican de vez en cuando, pero dejando en visto los comentarios.

Va a ser necesaria una verdadera autonomía estratégica, geopolítica y financiera, un realismo basado en valores e intereses comunes. Con objetivos compartidos de seguridad y prosperidad, una economía doméstica fuerte y con diversificación internacional.

No sólo va a ser necesario adaptarse, el viejo orden no va a volver, ahora más que nunca es necesaria una cooperación genuina y sincera entre las potencias mundiales medias, ya que las grandes potencias ya han decidido como van a repartirse el poder y sus zonas de influencia.


Pero volvamos a la deuda 

Las letras del Tesoro de EE.UU, los T-bills, esos instrumentos financieros de deuda a corto plazo emitidos por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y respaldados por el gobierno federal, se consideraban una de las inversiones más seguras y líquidas, con plazos de vencimiento que van de pocos días a un año. Su funcionamiento, características y diferencias frente a otros valores del Tesoro las convertían en una opción popular para quienes buscaban estabilidad y preservación de capital.

Pues bien, los T-Bills están creciendo a un ritmo alarmante, desde 2020, el stock total de T-Bills subió más de $4 trillones, un aumento del 160%, hoy representan el 22% de toda la deuda del Tesoro americano (mercado primario).

¿Por qué nos debe importar todo esto?

Porque emitir T-Bills es como dar una patada hacia adelante a una pelota durante unos meses, el Tesoro prefiere emitir deuda que vence pronto porque paga menos intereses, pero eso significa que en pocos meses tienes que volver a emitir deuda, a dar otra patada, para pagar los intereses de lo que vence.

El sistema se ha transformado en una rueda que gira más y más rápido, con más riesgo cada vez.

El ritmo de emisión es insostenible, el Tesoro está acumulando vencimientos semanales enormes, eso obliga a una demanda permanente de deuda o los rendimientos se disparan, y si eso ocurre, se contagia al resto del sistema financiero.

Ante este escenario, la FED y/o el Tesoro posiblemente se vean obligados a recomprar sus bonos/deuda (favoreciendo así a las stablecoins) para que la tasa de interés del sistema no se dispare, impactando así negativamente en la economía.


Ahora volvamos a las stablecoins como nuevo vehículo monetario.

Durante mucho tiempo, el mundo financió el déficit estructural de Estados Unidos comprando sus bonos. Japón, China, Europa, todos prestaban dinero, confiando en que el dólar era el activo seguro por excelencia.

Pero algo cambió, la congelación de activos rusos en 2022 fue un punto de inflexión, un aviso para navegantes, un recordatorio de que tener reservas en dólares no significa tener soberanía. Y entonces, sin mucho ruido, las ventas comenzaron. China redujo su exposición, Rusia desapareció, los bancos centrales empezaron a comprar oro en cantidades que no veíamos desde los años 70. 


EL MUNDO YA NO QUIERE FINANCIAR MÁS DEUDA AMERICANA


¿La señal? 

Clarísima, el mundo no quiere financiar más deuda americana. Al menos, no gratis.

Y ahí es donde entran en escena las stablecoins

No como una innovación tecnológica ni como una herramienta de inclusión financiera. 

En términos estrictos, una stablecoin es un comprador automático de deuda estadounidense, una capa digital que canaliza liquidez global hacia los mismos bonos del Tesoro que antes nadie quería, pero con una presentación mucho más apetecible, velocidad, interoperabilidad y disponibilidad 24/7. Mientras el usuario disfruta de su “dólar digital”, el emisor de la stablecoin compra T-Bills, cobra intereses y reinvierte. ¿El resultado? Todo el mundo gana. El usuario tiene liquidez y tecnología, el emisor tiene rendimiento y poder, el Tesoro tiene demanda y el dólar respira.

Todo, sin pasar por la banca tradicional, sin rogarle nada al sistema financiero clásico y sin imprimir más dólares físicos. Es brillante y sistémicamente útil.

Tether no inventó una criptomoneda. Tether inventó una forma de convertir la demanda internacional de dólares en demanda de deuda norteamericana, sin tocar un banco, sin pedir permiso y sin que casi nadie lo notara. Y ahora que el modelo ha demostrado su eficacia, los demás, los de siempre, quieren entrar, de ahí la avalancha legislativa. La famosa “GENIUS Act” no es una carta de amor al ecosistema cripto, es una formalización legal de algo que ya han visto que funciona.

El mensaje implícito es sencillo: esto no es ilegal. Esto es deseable.

La política monetaria encuentra un nuevo vehículo. Y el sistema tradicional ve que, con las stablecoins, puede seguir funcionando unos años más.

No es casual que, tras años de sospecha, bancos, big tech y gobiernos empiecen a lanzar sus propias versiones de stablecoins. No es una cuestión de convicción sino que es pura lógica financiera y de supervivencia.

Quieren quedarse con una parte del pastel porque ya no se trata de cripto en el sentido original, sino que se trata de una infraestructura de emisión monetaria sin fricción. Se trata de crear una red alternativa donde el dinero digital no depende del sistema bancario tradicional, pero sigue sirviendo a los intereses del Tesoro.

Y eso es lo que Europa ha entendido (aunque con retraso, como siempre). Por eso el euro digital es tan torpe, tan limitado, tan controlado. No es un proyecto innovador tecnológico, es una defensa. Una última línea desesperada ante el riesgo de fuga de depósitos, ante la erosión del sistema bancario tradicional y la pérdida de soberanía monetaria. Porque si las stablecoins ganan demasiado terreno, los bancos europeos se vuelven irrelevantes. Y con ellos, toda la arquitectura financiera del continente. Y no quieren, claro.

Y en medio de todo este juego de poder, emerge otra paradoja, el activo que nació como respuesta al abuso del sistema fiat empieza a ser aceptado por ese mismo sistema. Se regula, se institucionaliza, se añade a los balances corporativos y se tokeniza. Se convierte en un “activo financiero” más, no porque los gobiernos lo entiendan, ni porque los banqueros lo admiren, sino porque ya no pueden ignorarlo.

Porque si el sistema necesita sobrevivir, también necesita asimilar a sus amenazas más visibles, convertirlas en instrumentos, integrarlas y desactivarlas por digestión.

Estamos viendo cómo el viejo sistema trata desesperadamente de prolongarse a través de sus contradicciones. Y las stablecoins son el bisturí con el que intenta operarse a sí mismo sin anestesia, con dolor, sí, pero no olvidemos que están gestionando una crisis que puede ser fatal para el sistema tradicional, dándole una estética futurista, tecnológica pero con una estructura de deuda clásica.

Es el intento de estirar lo que ya no da más de sí. Y aun así, funciona. Porque mientras haya usuarios que quieran dólares rápidos y emisores que quieran intereses sin regulación bancaria, el dólar seguirá respirando, aunque sea a través de un tubo de respiración asistida digital.

Y todo esto puede parecer lejano. Un juego entre grandes potencias. De flujos macro. De estrategias que solo entienden en Washington, Pekín o Frankfurt. Pero ya está afectando a tus decisiones cotidianas, dónde guardas tu dinero, qué moneda eliges para ahorrar, cómo te proteges ante la inflación. Y aunque no podamos controlar los grandes flujos geopolíticos desde nuestra casa, sí podemos decidir en qué lado del sistema nos posicionamos.

Mientras algunos siguen esperando que “todo vuelva a la normalidad”, otros ya están viendo que eso no va a ocurrir y se mueven. No para especular, sino para protegerse, para entender el nuevo tablero de juego financiero mundial y adaptarse sin perderse en él.


César J. Pollo - 2026 ©  


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