¿QUÉ HA DECIDIDO LA ONU SOBRE EL SAHARA OCCIDENTAL?
Según el derecho internacional el Sáhara Occidental continua siendo una provincia (desde 1959) española que, por mandato de la Organización de las Naciones Unidas, debe ser objeto de un proceso de descolonización.
Dicho proceso fue interrumpido en 1976, cuando España abandonó el territorio sin traspasar la soberanía sobre el mismo ni su condición de potencia administradora, dejándolo en manos de Marruecos y Mauritania conforme a lo dispuesto en los Acuerdos Tripartitos de Madrid (1975), considerados no válidos según el derecho internacional.
El territorio está ocupado actualmente en su mayor parte por Marruecos, que lo llama Provincias Meridionales, aunque la soberanía marroquí no es reconocida ni por las Naciones Unidas ni por ningún país del mundo, sin embargo, a cambio de que Marruecos reconociera a Israel, la política exterior de Estados Unidos reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Todos los habitantes nativos del Sáhara tenían DNI y pasaporte españoles, junto con el libro de familia, la pérdida de la nacionalidad española de sus habitantes es nula, dado que ningún nacional español puede ser desprovisto de ella y así fue reconocido por el Tribunal Supremo (Sentencia 1.026/1998).
Por tanto, los ciudadanos saharauis, incluidos muchos funcionarios públicos, pasaron en un día de ser ciudadanos españoles de pleno derecho a ser apátridas, por el apresurado abandono español del territorio, de cuyas razones habría mucho que hablar, pero será en otro momento.
Marruecos considera ese día, 6 de noviembre, fiesta nacional, pero la soberanía marroquí de este territorio no es reconocida por las Naciones Unidas y la potencia administradora de iure es España, y como tal, hasta que finalice el periodo de descolonización, tiene las obligaciones recogidas en los artículos 73 y 74 de la Carta de Naciones Unidas. Esta posición ha sido ratificada también por órganos jurisdiccionales españoles y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenció en 2021 la obligación para la UE de "el respeto de su estatuto separado y distinto".
En la actualidad es considerado un territorio no autónomo bajo supervisión del Comité Especial de Descolonización de la ONU desde diciembre de 1960 a través de la resolución 1542 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando todavía era una provincia española.
¿Qué ha decidido realmente la ONU en octubre de 2025?
A pesar de los titulares interesados, hay una verdad que conviene dejar clara, El Consejo de Seguridad ha aprobado una nueva resolución la número 2797 (2025) sobre el Sáhara Occidental, que NO aprueba la autonomía. A pesar de las noticias manipuladas, la MINURSO sigue siendo la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental.
No para la autonomía.
No para la gestión de un estatus especial.
Es para el referéndum.
El mandato no ha cambiado. Se ha renovado (hasta octubre de 2026) en sus mismos términos, con la misma función que le dio origen en 1991, organizar la consulta que permita al pueblo saharaui decidir libremente su futuro.
Quien intente convertir esa misión en un instrumento de autonomía está manipulando el lenguaje y traicionando los hechos.
El texto “reafirma su compromiso de ayudar a las partes a lograr una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable, conforme a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas, que incluye el derecho de autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental”.
Se invita a las partes a “negociar sin condiciones previas tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos”. Esta fórmula diplomática no supone aprobación alguna: sólo indica que la propuesta marroquí puede discutirse, entre otras.
No hay ninguna frase que elimine el referéndum ni que reconozca la soberanía marroquí. Lo que se ha votado es una renovación técnica, con un lenguaje similar al de los últimos diecisiete años.
Marruecos presentó su “plan de autonomía” en 2007. Desde entonces, todas las resoluciones lo mencionan con matices, comenzando por la S/RES/1754 (2007), que “toma nota de la propuesta marroquí, considerada seria y creíble”.
Esa mención no significa respaldo legal. Simplemente reconoce que existe una propuesta sobre la mesa. En la misma resolución, y en todas las posteriores, se reafirma el derecho a la autodeterminación.
Por tanto, que la ONU cite en 2025 la autonomía no es novedad: forma parte de una fórmula diplomática repetida cada año desde hace casi dos décadas.
El lenguaje de la ONU, como es habitual, sigue siendo ambiguo y no compromete a celebrar un referéndum inmediato.
Que Estados Unidos, debido a sus intereses económicos y geopolíticos, quiere regalar el Sáhara a Marruecos con el beneplácito de la ONU. Esta claro.
Sólo Rusia o China podrían vetar el plan de Trump. Pero Rusia tiene un gran acuerdo pesquero con Marruecos en aguas del Sáhara, renovado recientemente y China parece que se inclina ligeramente hacia Marruecos.
El plan de Estados Unidos es el de anexionar el Sáhara Occidental a Marruecos y de dotarlo de "cierta autonomía". España por su parte, aún potencia administradora del territorio (aunque no quiera reconocerlo) y la UE, apoyan el plan, pero se ponen de perfil y guardan silencio.
Los intereses de Estados Unidos y Marruecos son claros, los recursos naturales y minerales del territorio saharaui.
Existen dos recursos diferenciales. Las minas de fosfatos (Marruecos dice tener el 72% de todas las reservas mundiales de roca de fosfato) y uno de los caladeros de pesca más productivos del mundo.
Los intereses de Marruecos y Estados Unidos en el Sáhara Occidental tienen nombres y apellidos: Bou Craa.
Bou Craa es un yacimiento de fosfato de más de 1.700 millones de toneladas. Marruecos controla 3/4 partes de las reservas mundiales de roca de fosfato, debido en gran parte a los yacimientos del Sáhara Occidental.
Los fosfatos se transportan desde Bou Craa al puerto de Marsa mediante una cinta transportadora automatizada de más de 100 km de longitud, la mayor del mundo.
Tener reservas de fosfatos es muy importante geopolíticamente debido a su papel en la seguridad alimentaria, ya que son esenciales para la producción de fertilizantes que aumentan el rendimiento de los cultivos.
Esto confiere gran poder a los países con grandes reservas, ya que pueden influir en la estabilidad alimentaria mundial y negociar acuerdos estratégicos, como ocurre con Marruecos. De ahí el gran interés de Estados Unidos.
La escasez de fosfatos, un recurso finito y no renovable, aumenta su valor estratégico y genera tensiones en distintas regiones del mundo.
La planta de explotación del fosfato en Bou Craa es Fos Bucraa, empresa perteneciente a España desde 1962 hasta 2001, cuando tras una ampliación de capital España no se presenta. Curiosamente, a partir de esa fecha un ex-ministro español de asuntos exteriores pasó a formar parte del consejo asesor de OCP Group (Sociedad Estatal de Fosfatos de Marruecos) de capital marroquí donde está integrada la empresa minera.
Marruecos por exigencias de Estados Unidos normalizó sus relaciones con Israel, entregó su soberanía política a Washington y París y ofreció hasta el último trozo de su dignidad diplomática a cambio de un reconocimiento internacional que no llega. Tampoco esta vez.
Lo máximo que ha conseguido es una frase ambigua en un texto del Consejo sobre su propuesta de autonomía. Nada más. No es la legitima, no la impone, no la convierte en única solución. Solo la recomienda.
Sin embargo, por primera vez desde 2018, el texto incluye de forma explícita la palabra “autodeterminación”, y no sólo “libre determinación” o “solución política”.
Se amplía el mandato completo de la MINURSO por un año y se ordena una revisión estratégica a seis meses, lo que puede reabrir debates sobre la supervisión del alto el fuego y la vigilancia de los derechos humanos.
Este resultado refleja la presión de países como Rusia, Mozambique o Argelia, que insistieron en mantener viva la referencia al derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.
Y esto es importante subrayarlo. La resolución no obliga a ninguna de las partes a aceptar la autonomía como única vía ni la define como solución final.
El texto sigue haciendo referencia una vez más al principio del derecho a la autodeterminación, tal y como lo establece la Resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU, que consagra el derecho inalienable de todos los pueblos sometidos a dominación colonial a su independencia.
Sin embargo, ya estamos viendo que es lo que realmente domina la maquinaria marroquí y sus voceros (entre ellos la actual política exterior española al respecto), la propaganda. No la comunicación, ni la información.
Propaganda política y mediática para vender un triunfo que no existe. Hablan de avance histórico, de apoyo internacional, de consenso global. Pero cuando se apagan los micrófonos, el texto que está sobre la mesa es claro.
La ONU mantiene la MINURSO y su misión sigue siendo el referéndum.
Marruecos no ha logrado imponer su autonomía como base única. Gana tiempo, sí, pero no la batalla diplomática. Y menos aún la guerra moral o política. Porque la legalidad internacional, aunque a veces se demore, no cambia con los deseos de una monarquía ni con los intereses de una superpotencia.
Mientras se votaba en Nueva York, el pueblo saharaui salió a las calles de los campamentos. No lo hizo por desesperación, sino por convicción. Por saber que cada vez que el Consejo renueva el mandato de la MINURSO, renueva también el recordatorio de que el proceso de descolonización no ha terminado. Y que la autodeterminación sigue pendiente.
Por su parte, el Frente Polisario, como legítimo representante del pueblo saharaui, entra ahora en una nueva fase que exige inteligencia política, firmeza estratégica y capacidad de adaptación.
En un reciente comunicado reafirma el firme compromiso del pueblo saharaui con su derecho inalienable a la autodeterminación y la independencia, con la defensa de sus derechos y soberanía por todos los medios legítimos.
Porque está claro que las potencias intentarán seguir utilizando a la ONU como escudo para consolidar una ocupación que no pueden justificar. Y es igual de claro que el pueblo saharaui no aceptará jamás una solución que no pase por las urnas.
La resolución votada no cierra el conflicto, lo aplaza. La cita volverá a ser en octubre de 2026. Y allí, una vez más, el Consejo volverá a discutir lo mismo, la renovación del mandato de una misión cuyo nombre recuerda cada año al mundo que un referéndum está pendiente.
Ninguna resolución podrá cambiar lo esencial. Que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización, que la República Saharaui existe y resiste, y que ningún poder extranjero puede decidir el destino de un pueblo que quiere ser libre. Hoy más que nunca hay que mirar más allá del ruido mediático.
Llamar “autonomía aprobada” a lo votado es desinformación pura.
El texto no otorga soberanía a Marruecos, no transforma el estatus del territorio y no impone la autonomía como único marco.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no tiene poder para imponer una solución política unilateral. Su mandato consiste en mediar, no en reconocer anexiones.
El pueblo saharaui sigue siendo el único titular legítimo del derecho a la autodeterminación, reconocido por la ONU desde 1963 y reafirmado por la Corte Internacional de Justicia en 1975.
La confusión proviene de que muchos medios y gobiernos no distinguen, o no quieren distinguir, entre “mencionar” una propuesta y “aprobar” una solución.
César J. Pollo - 2025 ©

Un reciente estudio del ministerio de defensa de Espańa no descarta una progresiva descomposición del Polisario, sosteniendo en el mismo contexto que los campamentos de Tindouf en el territorio argelino, representan una verdadera amenaza para la seguridad. El informe “Tribalismo, islam y cambio social en el Sáhara Occidental” fue realizado por el sociólogo Juan Ignacio Castien Maestro en el marco de las publicaciones del Instituto Español de Estudios Estratégicos, un órgano del Ministerio de Defensa de España que desarrolla estudios concernientes a la seguridad, la defensa, la prevención de conflictos y las ciencias sociales aplicadas en estos campo. En la actualidad, destaca el informe, la creciente debilidad del polisario plantea distintos interrogantes, como la posible eclosión del radicalismo islamista como ideología de sustitución, además, las duras condiciones de vida en los campamentos de refugiados han fomentado la implicación de saharauis en actividades delictivas. Para el sociólogo español la creciente influencia del islamismo radical entre esta población, no es algo sorprendente, teniendo en cuenta el empantanamiento del proyecto
ResponderEliminarpolítico del Polisario. En tales circunstancias, el informe no descarta
la posibilidad de una desintegración progresiva del Polisario , junto con un proceso de radicalización salafista que afectaría a una parte de la población en esos campamentos.